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La respiración

Carlos J. Egea Santaolalla
Adjunto del S. Respiratorio.
Hospital  Txagorritxu
Vitoria-Gasteiz


Extracto del discurso del Dr. Carlos Egea, en el marco del Día Mundial de la E.L.A.

Aunque no comprendemos claramente como nuestro cuerpo decidió utilizar oxígeno, como fuente de energía, el hecho es que tenemos un sistema perfectamente adaptado para la utilización del 02. Su nombre, pulmones. No dejan de ser millones de globos diminutos, cuya superficie de contacto con el aire sería la de un campo de tenis, si extendieramos toda la superficie pulmonar, dándonos una idea de la capacidad que tenemos.

La función del pulmón es poner en contacto el aire y la sangre para que pequeños “camiones” llamados glóbulos rojos, recojan el oxígeno y lo trasporten hasta las células, verdaderos núcleos de la vida, céntrales térmicas que en lugar de carbón, petróleo, u otra sustancia, usan 02 como combustible. El desecho de esta combustión es el dióxido de carbono, conocido familiarmente como “el carbónico”. Este, vuelve a pasar a la sangre y es trasportado al pulmón, donde de la misma forma que el 02, es eliminado. Para realizar esta función, es necesario que “el globo” sea movilizado, y esta función es realizada por nuestros músculos, del propio pecho y además un músculo que separa el abdomen del tórax, que a modo de paraguas ejerce su función vital. Es fácil de entender así cómo los globos, o los flotadores de nuestros hijos, no se hinchan solos, sino que deben de ser hinchados por nosotros, con el consiguiente cansancio físico de nuestros músculos.

Entonces podemos comprender que cualquier enfermedad que afecte al músculo, bien porque la corriente eléctrica llegue mal (lesión de los nervios) o bien por afectación del propio músculo, provocará que la respiración sea menor. A mayor compromiso muscular, mayor alteración de la respiración.

Nosotros los Neumólogos, tenemos suficientes métodos diagnósticos, para averiguar si la función respiratoria está afectada, y además el grado en que lo está. De hecho nos basamos en cosas que parecen lógicas de ver;

1- Las pruebas de función respiratoria, cuyo fin es evaluar el aire que somos capaces de echar (Lógica: a menos aire echado, mas afectación muscular).

2.- El análisis de sangre de la arteria de la muñeca, donde veremos la cantidad de oxígeno y carbónico (Lógica: A menos oxígeno y mas carbónico, peor función muscular).

3.- El estudio de sueño, observando si nuestro oxígeno es constante o no y si hacemos pausas al respirar (Lógica: A menos oxígeno, peor función muscular)

Conociendo estos datos nos viene rápidamente a la mente una pregunta, ¿Y si pasa esto, se puede hacer algo?. Asumiendo en primer lugar, que el curso de la enfermedad no va a cambiar, la respuesta desde el punto de vista Neumológico es clara, SI. Si lo que falla es la musculatura respiratoria, existen varios grados de atención dependiendo de la severidad. En un primer grado parece importante el uso de los ejercicios respiratorios, rehabilitación respiratoria o cuantos métodos se usen, para entrenar, como a los deportistas, unos músculos con el fin de sacarles el máximo provecho. En un segundo grado, cuando la tos es poco eficaz y las secreciones comienzan a ser un “problema”, existen métodos mecánicos que en mayor o menor medida, consiguen mejorar esta situación. Por fin en un tercer grado existe la llamada ventilación mecánica, cuyo fin consiste en aplicar al paciente un chorro de aire acompasado con la respiración del paciente, siendo este “chorro” generado por una máquina, al igual a como lo hace un secapelos clásico, todo gracias a una turbina.

Este “tercer grado”, es una etapa de la enfermedad que debería haber sido anticipada y comentada con anterioridad, gracias a los seguimientos establecidos entre el paciente y el equipo médico.

El momento en el que se debe de ofrecer está definido. Puede haber discrepancias entre equipos médicos, sobre la necesidad de que el paciente presente criterios más rígidos, pero se admite que la presencia de “carbónico” elevado en sangre es clara indicación. Luego existen grupos que ya incluyen los pacientes con baja capacidad pulmonar en las pruebas de función respiratoria, expresión de la debilidad muscular y por tanto, previsible elevación del carbónico en los próximos controles. Una vez decidido el momento, nos encontramos con el cómo. Como ya sabéis, existen dos modalidades, la ventilación no invasiva y ventilación invasiva vía traqueotomía. La estrella actual es la ventilación no invasiva, principalmente por que la mayoría de los estudios realizados reflejan aumento de la calidad de vida asociado a un discreto aumento de la supervivencia. Esta se realiza, conectando la máquina al paciente, a través de una máscara nasal o facial. Es fácil de tolerar, y para el ajuste solo se necesita un breve ingreso para la adaptación.

Realmente el dilema se encuentra en el uso de traqueotomía y ventilación invasiva, ya que realmente la mayoría de los pacientes en esta modalidad, lo son por haber iniciado ventilación en situación de Urgencia, y son escasos los pacientes que tras conocer las características de este tipo de ventilación se deciden por ella. Los motivos de la escasa cantidad de pacientes actualmente en esta modalidad son que la indicaciones pueden ser bastante bien sustituibles por la forma “hermana” no invasiva, que la decisión de traqueotomía es un momento difícil de pactar, y que aunque consigue dar más supervivencia que la forma no invasiva, si la enfermedad progresa rápidamente, la ventilación invasiva no consigue mantener al paciente, y superar las complicaciones.

De todas las maneras debería ser una realidad global que unidades integradas por diferentes especialistas, como neurólogos, neumólogos, cuidados paliativos, gastroenterólogos, psicólogos y nutricionistas, tomen decisiones conjuntas con pacientes y familiares, con el único fin de mejorar las complicaciones de esta enfermedad, que ya no esta huérfana.

 Aparecido en junio 2007.

 

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