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Vídeo, vida, vuelo...
Juan Pagola

 Todo comenzó entorno a una mesa. La idea de realizar un vídeo que enseñase lo que es vivir con ELA era el objetivo. La realizadora Arantza puso la técnica y la fuerza. Yo, solamente, pude verlo así.

Cada vez que las salas y los ambientes que entraban en el cuadro de la cámara se llenaban de rostros, de palabras, de testimonios, de vivencias y de lágrimas, la película se hacía un cachito de vida. No era difícil. La vivencia viva se volvía vehemente.

Se ha conseguido ser un fiel espejo de la realidad. Se ha conseguido ser un reflejo del interior de muchos de los personajes verídicos de esta película con innumerables argumentos que se amontonan en el fino material de la cinta. Se ha conseguido dejar testimonio a los que puedan venir. Se ha conseguido conectar a los anónimos con los conocidos. Se ha conseguido revitalizar trocitos del alma. Se ha conseguido fortalecer a otros.

Este es el valor de la tecnología, de los medios de comunicación, de la difusión, del mostrarse a los demás, del no sentirse engañado, del saber decir que no, de la generosidad, de los corazones llenos de vida abiertos al público desconocido, del servicio, de las historias entremezcladas de palpitaciones.

No nos quedemos en la oscura y larga cinta de película. No nos detengamos en un frío y malévolo sensacionalismo que lo absorbe todo, en el manifiesto morbo que nos ofrece esta sociedad hambrienta de golpes en el corazón. Vayamos al corazón con lentes de cámara de algodón, inofensiva a la dignidad, respetando al hombre y a la mujer, simplemente tratándolos como tales. Hace poco, una enferma de ELA hablaba de “Sonrisas y Lágrimas”, que es de lo que está plagada nuestra vida. Demos rienda suelta a nuestros sentimientos desbocados por las situaciones. Aprendamos de los experimentados, aprovechémonos de lo vivido por otros, exijamos profesores, profesionales, enseñantes, jefes de la tribu con barba de leyenda y de experiencia, pidámoslo, exijámoslo.

El futuro se construye en colectivo. La humanidad habla en global. La tecnología tiene espacios para la amistad. La técnica es rebelde pero hay que domesticarla. Los profesionales están para nuestro servicio. Los cercanos para acariciarnos. La familia para recoger nuestros sollozos y reír con nuestras carcajadas.

No se puede perder el Norte de la tensión por la vida. La imagen y el sonido son la intersección de nuestro recuerdo. Son el legado de nuestro caminar. No queremos abandonarnos en el alba de la jornada. No debemos olvidarnos de nuestras generaciones anteriores ni de las que acaban de llegar o llegarán en un futuro. El futuro es hoy. Los minutos son diamantes. Somos ricos. Cada momento es un abrazo, un trocito de silencio, una mirada de gratitud.

La mirada siempre es cómplice, la sonrisa a tiempo, la historia contenida en el interior, los sentimientos a flor de piel, la intensidad de las referencias. A veces puede aparecer el Innombrable en nuestros sueños, vigilias. El Innombrable puede hacerse testigo de nosotros mismos, nos acompaña, hace de bastón perenne. Pero lo que sí es absolutamente cierto es que dentro de un enfermo siempre hay un corazón que hace sombra a la enfermedad. 

Yo, por lo menos, lo vi así.

Aparecido en septiembre de 1998.

 

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